capitulo cuatro
ÉL
Me quedaban cuatro días en la ciudad, y no quería irme, por momentos pensé en dejar todo lo que tengo allá por estar nuevamente con mis seres queridos. Ignacio, emocionado porque regresaríamos, me decía que me olvidara en volver, que teníamos una vida buena y placentera allá, pero eso no me satisfacía en este momento, y lo que me hacia feliz hoy, era estar mas tiempo en Valparaíso. Me propuso que me quedara una semana más, que hablara al trabajo, total me debían varias vacaciones y días libres, pero lamentablemente para él, tenía que volver, me dijo que lo pensara, y eso es lo que hice.
Nos fuimos a la casa de Raúl, haríamos un asado.
De la nada, mi mente viajo a m pasado, y me quede largos minutos recordándolo, a él. Al que mi mente ya no nombra, al que busco en los recovecos de mi conciencia, al que no recuerdo con exactitud, y que solo la última imagen de él se me viene a la retina, la del encuentro, el encuentro casual, y que no hice nada. Nada por llamarlo, nada por verlo nuevamente, nada, nada, nada, como es de mi maldita costumbre.
En el asado, conversamos mucho con Raúl. Su pequeño hijo, Daniel, que además es mi ahijado, hizo que renaciera en mi, el instinto que había desaparecido hacia muchos años. El instinto de madre, en realidad no se si hizo que renaciera, pero las ansias de de tener un hijo afloraron en mi mente y mi corazón, como años atrás… cuando lo único en lo que pensaba era en tener hijos, y llenar la casa de piecesitos corriendo por todos lados. Creo que era por un asunto de no sentirme sola, o de demostrar independencia y que podía ser responsable, aunque nadie creyera en mí… pero ese sentimiento lo creí muerto, pues primaron en mí otras expectativas de la vida, como desarrollarme profesionalmente, y lo estoy logrando. No se si sea capaz de tal responsabilidad ahora, ya que mi trabajo y mi desarrollo personal ocupan todo mi tiempo. Veía correr de un lado a otro a Danielito, que ya tenia dos años, jugaba inocentemente con todo, a Ignacio lo tenía histérico, y hacia darme cuenta que no tenia paciencia con los niños, y eso de una manera u otra me afectaba. Pase toda la tarde viéndolo jugar, le sacaba fotos para tenerlo en todo momento. El Raúl, de una manera medio dudoso y casi murmurando, me preguntó que si había futuro con Ignacio, futuro obviamente de formalizar la relación. No supe responderle, no se lo que suceda y eso de alguna mínima manera me conmovió. Trate de no pensar en aquello, y no respondí, porque no supe que decir. Lo que sentía y pensaba siempre me lo guardaba o lo escribía, pero esta no fue la excepción, me guarde la respuesta.
Llegando al departamento, le pregunte a Ignacio se teníamos proyecciones juntos, el silencio cautivo el auto, respondió que si, pero con inseguridad, ,no volví a hacer ninguna pregunta mas, y le pedí que me dejara en Pedro Montt, quería caminar un rato, él solo quería llegar al departamento a dormir , no puso objeción, me baje y comencé a caminar.
Caminando distraída, divise a lo lejos una persona reconocida, como andaba sin anteojos y ya estaba medio oscuro, no lograba verle la cara. Era un hombre, no muy alto, grande, daba pasos largos, pero no apurado, se acercaba a mi, no me daba temor alguno, sentía que lo conocía de toda la vida. Seguí adelante, de repente busque su mirada, y sus ojos se conectaron con los míos.
Era él.
Nos detuvimos, nos miramos extrañados, él diciendo como: ¿y tu, desde cuando estas acá?- y yo, solo pensando en el reencuentro pasado y que ahora sí, haría algo.
Un tibio “hola como estas”, me salió, en cambio a él, un abrazo, lleno de ternura, lleno de pasión, lleno de sentimientos que extrañaba. Un beso en la mejilla, de esos que estamos acostumbrados a da dar, pero esta vez, fue diferente, no quería recibirle un acostumbrado beso, y menos quería darle uno de esos, hubiese preferido uno de pasión, uno alocado, uno melancólico.. Uno de amor…Nos miramos unos segundos, y fue como si el tiempo y los años no hubieran pasado, pero pasaron y ya se nos notaba en los cuerpos, en los rostros y en las mentes.
Le dije que nos fuéramos a tomar algo para conversar, aceptó muy contento.
Caminábamos hacia un bar, como por inercia, no hablamos nada, hasta llegara algún lugar. Nos sentamos, pidió una botella de vino tinto, añejado, no quise recordarle que no me gusta el vino, pero él lo recordó, me pidió un pisco sour.
Mi euforia se notaba, hablaba, hablaba y hablaba. Me di cuenta, creo que a tiempo, solo dijo que me extrañaba mucho. Callamos. Lo miré detenidamente y vi que aun se prendían chispas en los ojos. Baje la mirada. Me tomó la mano y dijo que nunca se había olvidado de mí. No supe que decir. Tomé un sorbo de pisco sour, prendí rápidamente un cigarrillo, él igual. Traté de sentir su olor, se me había olvidado, olía a cigarro, a ese olor que está impregnado en la ropa, en el cuerpo, no se porque nunca lo recordé hasta estar ahí con él, si yo tengo el mismo olor, solo que a veces se oculta con un poco de perfume.
Sentía ganas de saltar encima de él, besarle, acariciarle, sin dejar que se fuera, me contuve, esperaba gustosa, que lo hiciera él. No fue así. Miré la hora, no de mal educada, sino porque noté que el bar estaba cerrando. Las tres de la mañana, Ignacio debe estar preocupado, ¡pero que va! Estoy con él, y no quiero dejarlo ir.
Comenzamos a caminar, hablando de todo, y todos. Recordando el pasado y contándonos lo que hacíamos en nuestro presente. Estaba tan alegre, que por mas que trataba de contenerlo, no podía, mi sonrisa era inminente. Me dio su número de teléfono y dirección, igual yo.
-¿Tan lejos vives?- Me dijo, solo hice una morisqueta de un “lo siento”. Rió, reí y de pronto me abrazo nuevamente, yo igual, no lo quería soltar. Era un abrazo como de bienvenida/despedida. No lo entendí, solo sentí un escalofrío, comencé a temblar y por instinto lo busqué para besarlo. Mi interés se notaba, él se controlaba, no se porque. No le dije nada de la existencia de Ignacio. Me corrió la cara y no me dejó besarle, me entristecí en ese momento, pero no me importo mucho, el solo hecho de estar en sus brazos me satisfacía en plenitud. Pasaron largos minutos y no me soltaba, no me importaba quería estar así por días, y días. En un lento movimiento sentí sus labios rozando mi mis mejillas hasta sentirlos con los míos, y una unión que no concebía hacía mucho. Un beso tierno, con cariño y que de a poco se transformaba en uno apasionado, de deseo incontrolado, uno de necesidad que afloraban en nuestros cuerpos. Quería que no terminara, el deseo nos estaba consumiendo, sentía sus manos en mí y las caricias que me proporcionaba me estremecían en lo más íntimo. Yo hacía lo mismo. Ambicionaba con irme con él, a otro mundo, que me llevara donde él quisiera, por primera ves correría todos los riesgos y no pondría objeción alguna. Me había olvidado por completo de Ignacio y de todos mis planes.
Me preguntó si nos volveríamos a ver, yo obviamente dije sin dudar, que sí. Me dejó en la puerta del edificio, no me dio otro beso. Te llamaré mañana, dijo. Se dio media vuelta y se fue. Quedé pasmada, necesitaba contarle a alguien. Pero era muy tarde y mi felicidad en conjunto con mi ansiedad, tendrían que esperar hasta mañana para decirle a la Pame, que en ese momento sentí que debía saber para escuchar algún concejo.
Entré al departamento, olvide que Ignacio estaba allí, metí bulla, no tomé conciencia de su sueño placentero. No despertó. Miré la hora; las cuatro y media. Me fui a acostar, no podía cerrar los ojos de la emoción, pero los cerré y me dormí.
En la mañana Ignacio me pregunto a la hora que había llegado, mentí, me creyó. Llame a la Pame para contarle, quedamos de acuerdo que nos juntaríamos a almorzar, Ignacio iría a hacer algunas compras solo
Ven y conoce un mundo nuevo de ideas, pensamientos y amores, disfruta de aquello que lo desconocido nos entrega en un silencio abazallador, lee con delicadeza las cosas simples que nos da la vida, respira amor, tristeza y alegrías, todas aquellas sumidas en un mar de letras que nos da la imaginación, observa el poder de la palabra, y la supremacía de la oración...(L.Rivas)
domingo, 31 de octubre de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
viernes, 20 de noviembre de 2009
Hipótesis: 1+1=amor
Que extraño
Es volver a caminar por los senderos
Recorridos del envejecido amor;
Que magnético
Es sentir tus manos aprisionadas
A mi cuerpo querido,
Que holocausto
Tuvo la intención de separar
Aquellas ondas emitidas del corazón.
Que pensamiento
Complejo y difuso tuvo participación
En nuestra lejanía y unión.
Si tus latidos
Sincronizan con mi pulso
Agónico y obstruido,
Si tus manos
Se mimetizan con la blancura
De mis palmas y dedos
Si en tu guerrilla
Hoy soy tu aliada más fiel
Propulsora y cabecilla,
Si en tu sentir
Mi alma te acompaña
Desde aquel día en que partí.
Solo puedo aseverar
Que en mi pasado te conocí,
En circunstancias inesperadas,
Y consecuencias trazadas,
Que mi presente es inherente
Al amor que se explaya desbordando
Las canaletas corporales,
Y estas señalizando los recorridos secretos
De las huidas perfectas que alguna vez utilicé,
Me declaro competente de seguir
Sintiendo que en mi futuro:
Eres la hipótesis perfecta que amo desarrollar.
Que extraño
Es volver a caminar por los senderos
Recorridos del envejecido amor;
Que magnético
Es sentir tus manos aprisionadas
A mi cuerpo querido,
Que holocausto
Tuvo la intención de separar
Aquellas ondas emitidas del corazón.
Que pensamiento
Complejo y difuso tuvo participación
En nuestra lejanía y unión.
Si tus latidos
Sincronizan con mi pulso
Agónico y obstruido,
Si tus manos
Se mimetizan con la blancura
De mis palmas y dedos
Si en tu guerrilla
Hoy soy tu aliada más fiel
Propulsora y cabecilla,
Si en tu sentir
Mi alma te acompaña
Desde aquel día en que partí.
Solo puedo aseverar
Que en mi pasado te conocí,
En circunstancias inesperadas,
Y consecuencias trazadas,
Que mi presente es inherente
Al amor que se explaya desbordando
Las canaletas corporales,
Y estas señalizando los recorridos secretos
De las huidas perfectas que alguna vez utilicé,
Me declaro competente de seguir
Sintiendo que en mi futuro:
Eres la hipótesis perfecta que amo desarrollar.
martes, 10 de noviembre de 2009
capitulo tres
En la madrugada
Como a las tres de la madrugada suena el teléfono. Me asustó, es inusual que alguien llame a esa hora. Justo ese día Ignacio no se había quedado conmigo. Pensé que le había pasado algo, sin prender la luz, contesté:
- ¡Aló!- con un tono de preocupación.
- Hola……- me dice una voz temblorosa, entristecida y cabizbaja. No sabia quien era, no reconocí el tono.
- ¿Quién habla?- pregunté extrañada.
- La Pame, ¿Cómo estas?- me dijo-
- Bien………. ¿y tu? ¿Te paso algo?- me preocupé, era extraño el llamado, y la Pame no llamaba a esas horas…..algo sucedió.
- Si….- se puso a llorar, no entendía nada, dejé que se desahogara-
- Pame, ¿Qué te pasó?, dime, ¿necesitas ayuda?, dímelo- A esa altura yo estaba en pie, y en la mano un cigarro, ya me lo había fumado hasta la mitad-
- Isabel……. como me gustaría que estuvieses acá, conmigo, necesito verte…. necesito la presencia de una amiga- me decía llorando. No quise interrumpirla, la dejé que hablara, era medio incomodo, porque sabíamos que no podía llegar de inmediato a verla, no estaba en el país y eso hacía que me odiara por no poder estar cuando me necesitan.
- …. Rompimos la relación con Gabriel, me dejó. Dijo que por la rutina-
- Y tu, ¿Por qué crees que se terminó?- pregunté, intuyendo que no era por eso-
- Pame, ¿dime qué crees tú?- le pregunté nuevamente.
- Por otra mina- me dijo. Un silencio de ambas partes, no sabia que decir, no podía decir nada, no conocía a Gabriel, llevaban tres años juntos, pero no lo concia mas allá de unos tres o cuatro encuentros la vez que fui a Chile. Esperaba que la Pame dijera algo para responder, o fácilmente callar.
- En realidad Isa, lo veía venir, tu sabes que no tengo ni un pelo de tonta- Así es, pensé- y lo notaba extraño de hace un par de semanas, pero él no me dijo nada, solo pidió un tiempo, ese maldito tiempo que es eterno y que lo sé, no volveremos-
En ese momento pensé en los malos momentos que pasamos; las rupturas, las traiciones y un sin fin de llantos que vivimos en nuestra juventud, pero no venía al caso, tenía que estar con mis sentidos escuchando a la Pame, para tener todo claro de lo que me decía-
- El gueón, tomó sus cosas y se fue, no se a donde, pero se fue y ahora ¿Qué mierda hago?- desesperada me preguntó-
- Como que ¿Qué mierda haces?, para adelante no mas poh!! , nunca fuiste dependiente de un hombre, ¿Por qué ahora?, no hay hijos, no hay matrimonio, no hay lazo fuerte que los una. Quizás el “amor”, pero ese sentimiento a la larga desaparece y quedarán los buenos recuerdos. ¿O no?- Le dije, tratando de calmarla-
- Es que creo que estoy embarazada, tengo atraso de un par de semanas, igual lo habíamos hablado con Gabriel unos meses antes y estábamos de acuerdo en ser padres, pero no pensé que fuera a suceder esto-
- ¡Puta! ahí cambia todo, lo primero es estar segura de que estés embrazada, y si es así, contarle lo que sucede para que decidan el futuro de su relación, ya sea juntos o como amigos, todo por el bien de la criatura.
- Sí igual sé todo eso, pero me da tanta pena que tenga que ser así, siempre quise darle un hogar constituido a mi hijo…..o hija, y lo único que necesitaba ahora era escuchar y corroborar que he tomado buenas decisiones, solo necesitaba escuchar tu opinión y contarte como estaba, hubiese sido mejor que estuvieras acá, pero no importa, se que puedo contar contigo en cualquier parte del mundo….- me dijo ya con su voz mas tranquila, ya siendo la Pame de siempre, la que no se deja abatir por nada.
- Como me gustaría estar allá contigo, para apoyarte y darte fuerzas. No sabes lo mucho que me haces falta, para conversar para reír, o aunque sea para saber que estás cerca para darme una mano, no sabes lo mucho que necesito tener a quien recurrir cuando la soledad se hace inmensa y comienzo a odiar todo lo que he hecho, alejándolos de mi lado. – Lloré, y la Pame se dio cuenta, y en vez de que yo la consolara como debía ser, ella terminó calmándome, porque sabía lo sola que me sentía tan lejos y sin nadie, solo el Ignacio y el teléfono, pero no eran suficiente para mí.
- Vamos Isa, no llores… estaré bien, y tu igual, hemos salido de cosas peores, esto no me va a derrumbar. Y tú, eres fuerte, soportaras la lejanía, hazlo por ti, por tus sueños, por lo que has anhelado hace mucho….- Me decía, ya con una voz enérgica, una voz de “tira pa delante”, y eso me calmó. Habrán pasado unos cuarenta minutos, y me dijo que ya iba a cortar, la llamada era costosa.
- Cuídate Pame, y si necesitas algo, no dudes en avisarme. – Le dije con una tristeza enorme.
- No te preocupes Isa, que lo haré si siento que sea necesario. Cuídate harto.. y cuida lo que tienes con Ignacio, un beso.
- Te quiero - Le dije
- Y yo a ti – Me respondió, colgó y ya solo escuchaba el “Tuuuuuu”…
Esa noche no pude dormir, con una preocupación inmensa por lo sucedido. Llamé temprano en la mañana al Ignacio y le dije que se viniera a mi departamento en la noche, el día anterior habíamos discutido, por eso, él se iba a su casa. Siempre era así, discusión es igual a devolverse a su casa, para darnos el tiempo necesario para pensar. Extrañado, y sin entender mucho, me dijo que llegaba a eso de las seis. Le dije que lo estaría esperando, que lo extrañaba y que lo quería mucho. Me mandó un beso, y colgó.
Ahora estaba mas tranquila.
Dejé pasar unos días y llamé a la Pame para saber como estaba. No logré comunicarme. Le mandé un correo electrónico, lo respondió a las tres horas. Me contó que se había hecho los exámenes pertinentes y que no era un embarazo, la habían traicionado los nervios. Y que si bien, estaba muy triste, pues no había podido solucionar los problemas con Gabriel, encuentra que fue una buena decisión. Solo el tiempo dirá lo que suceda con los sentimientos, si se quieren y es el momento, volverán, si no, se recordaran con mucho cariño, fue mi respuesta… fue lo único que podía hacer, darle unas palabras de consuelo, darle mis fuerzas para que ella sobresaliera del mal momento por el que estaba pasando, darle mi amistad a la distancia, pero de verdad.
En ese momento decidí que viajaría, quería ver a mis amigos, quería estar compartiendo de una buena charla y de secretos que hacía mucho no teníamos, quería volver a estar con las personas que realmente me quieren y me respetan por lo que he sido durante muchos años, y viceversa. Hable con Ignacio y me quiere acompañar. La ultima vez que fui Chile, fue hace un año y medio, y ya necesitaba estar entre la gente conocida y ser yo misma.
En la madrugada
Como a las tres de la madrugada suena el teléfono. Me asustó, es inusual que alguien llame a esa hora. Justo ese día Ignacio no se había quedado conmigo. Pensé que le había pasado algo, sin prender la luz, contesté:
- ¡Aló!- con un tono de preocupación.
- Hola……- me dice una voz temblorosa, entristecida y cabizbaja. No sabia quien era, no reconocí el tono.
- ¿Quién habla?- pregunté extrañada.
- La Pame, ¿Cómo estas?- me dijo-
- Bien………. ¿y tu? ¿Te paso algo?- me preocupé, era extraño el llamado, y la Pame no llamaba a esas horas…..algo sucedió.
- Si….- se puso a llorar, no entendía nada, dejé que se desahogara-
- Pame, ¿Qué te pasó?, dime, ¿necesitas ayuda?, dímelo- A esa altura yo estaba en pie, y en la mano un cigarro, ya me lo había fumado hasta la mitad-
- Isabel……. como me gustaría que estuvieses acá, conmigo, necesito verte…. necesito la presencia de una amiga- me decía llorando. No quise interrumpirla, la dejé que hablara, era medio incomodo, porque sabíamos que no podía llegar de inmediato a verla, no estaba en el país y eso hacía que me odiara por no poder estar cuando me necesitan.
- …. Rompimos la relación con Gabriel, me dejó. Dijo que por la rutina-
- Y tu, ¿Por qué crees que se terminó?- pregunté, intuyendo que no era por eso-
- Pame, ¿dime qué crees tú?- le pregunté nuevamente.
- Por otra mina- me dijo. Un silencio de ambas partes, no sabia que decir, no podía decir nada, no conocía a Gabriel, llevaban tres años juntos, pero no lo concia mas allá de unos tres o cuatro encuentros la vez que fui a Chile. Esperaba que la Pame dijera algo para responder, o fácilmente callar.
- En realidad Isa, lo veía venir, tu sabes que no tengo ni un pelo de tonta- Así es, pensé- y lo notaba extraño de hace un par de semanas, pero él no me dijo nada, solo pidió un tiempo, ese maldito tiempo que es eterno y que lo sé, no volveremos-
En ese momento pensé en los malos momentos que pasamos; las rupturas, las traiciones y un sin fin de llantos que vivimos en nuestra juventud, pero no venía al caso, tenía que estar con mis sentidos escuchando a la Pame, para tener todo claro de lo que me decía-
- El gueón, tomó sus cosas y se fue, no se a donde, pero se fue y ahora ¿Qué mierda hago?- desesperada me preguntó-
- Como que ¿Qué mierda haces?, para adelante no mas poh!! , nunca fuiste dependiente de un hombre, ¿Por qué ahora?, no hay hijos, no hay matrimonio, no hay lazo fuerte que los una. Quizás el “amor”, pero ese sentimiento a la larga desaparece y quedarán los buenos recuerdos. ¿O no?- Le dije, tratando de calmarla-
- Es que creo que estoy embarazada, tengo atraso de un par de semanas, igual lo habíamos hablado con Gabriel unos meses antes y estábamos de acuerdo en ser padres, pero no pensé que fuera a suceder esto-
- ¡Puta! ahí cambia todo, lo primero es estar segura de que estés embrazada, y si es así, contarle lo que sucede para que decidan el futuro de su relación, ya sea juntos o como amigos, todo por el bien de la criatura.
- Sí igual sé todo eso, pero me da tanta pena que tenga que ser así, siempre quise darle un hogar constituido a mi hijo…..o hija, y lo único que necesitaba ahora era escuchar y corroborar que he tomado buenas decisiones, solo necesitaba escuchar tu opinión y contarte como estaba, hubiese sido mejor que estuvieras acá, pero no importa, se que puedo contar contigo en cualquier parte del mundo….- me dijo ya con su voz mas tranquila, ya siendo la Pame de siempre, la que no se deja abatir por nada.
- Como me gustaría estar allá contigo, para apoyarte y darte fuerzas. No sabes lo mucho que me haces falta, para conversar para reír, o aunque sea para saber que estás cerca para darme una mano, no sabes lo mucho que necesito tener a quien recurrir cuando la soledad se hace inmensa y comienzo a odiar todo lo que he hecho, alejándolos de mi lado. – Lloré, y la Pame se dio cuenta, y en vez de que yo la consolara como debía ser, ella terminó calmándome, porque sabía lo sola que me sentía tan lejos y sin nadie, solo el Ignacio y el teléfono, pero no eran suficiente para mí.
- Vamos Isa, no llores… estaré bien, y tu igual, hemos salido de cosas peores, esto no me va a derrumbar. Y tú, eres fuerte, soportaras la lejanía, hazlo por ti, por tus sueños, por lo que has anhelado hace mucho….- Me decía, ya con una voz enérgica, una voz de “tira pa delante”, y eso me calmó. Habrán pasado unos cuarenta minutos, y me dijo que ya iba a cortar, la llamada era costosa.
- Cuídate Pame, y si necesitas algo, no dudes en avisarme. – Le dije con una tristeza enorme.
- No te preocupes Isa, que lo haré si siento que sea necesario. Cuídate harto.. y cuida lo que tienes con Ignacio, un beso.
- Te quiero - Le dije
- Y yo a ti – Me respondió, colgó y ya solo escuchaba el “Tuuuuuu”…
Esa noche no pude dormir, con una preocupación inmensa por lo sucedido. Llamé temprano en la mañana al Ignacio y le dije que se viniera a mi departamento en la noche, el día anterior habíamos discutido, por eso, él se iba a su casa. Siempre era así, discusión es igual a devolverse a su casa, para darnos el tiempo necesario para pensar. Extrañado, y sin entender mucho, me dijo que llegaba a eso de las seis. Le dije que lo estaría esperando, que lo extrañaba y que lo quería mucho. Me mandó un beso, y colgó.
Ahora estaba mas tranquila.
Dejé pasar unos días y llamé a la Pame para saber como estaba. No logré comunicarme. Le mandé un correo electrónico, lo respondió a las tres horas. Me contó que se había hecho los exámenes pertinentes y que no era un embarazo, la habían traicionado los nervios. Y que si bien, estaba muy triste, pues no había podido solucionar los problemas con Gabriel, encuentra que fue una buena decisión. Solo el tiempo dirá lo que suceda con los sentimientos, si se quieren y es el momento, volverán, si no, se recordaran con mucho cariño, fue mi respuesta… fue lo único que podía hacer, darle unas palabras de consuelo, darle mis fuerzas para que ella sobresaliera del mal momento por el que estaba pasando, darle mi amistad a la distancia, pero de verdad.
En ese momento decidí que viajaría, quería ver a mis amigos, quería estar compartiendo de una buena charla y de secretos que hacía mucho no teníamos, quería volver a estar con las personas que realmente me quieren y me respetan por lo que he sido durante muchos años, y viceversa. Hable con Ignacio y me quiere acompañar. La ultima vez que fui Chile, fue hace un año y medio, y ya necesitaba estar entre la gente conocida y ser yo misma.
viernes, 25 de septiembre de 2009
A la uva nacida de la parra
Escucho el canto de una voz particular,
cierro mis ojos para volar unos minutos y
al son de los acordes de una guitarra;
aparece la imagen de aquella mujer:
con poca gracia, de pelo largo y negro
como la misma noche sin luna,
de ojos medios saltones y de manos grandes,
y en una de esas manos, una simple y compleja:
guitarra que acompaña a esta gran mujer.
Se impregna esta imagen en mi mente,
y mi oído, que va quedando sordo,
escucha los acordes que ya son únicos,
mezclando las letras campestres, de historias
rurales, de amores y llantos,
me dejo envolver en la melodía clásica
de la gran Violeta.
las letras aparecen de mi voz,
como si yo misma hubiera tenido participación,
su música resuena en mi cabeza;
y yo, simplemente: canto.
Solo Violeta;
aquella dulce uva nacída de la Parra,
al sur de donde he nacido yo,
escucho su canto; el canto de la vida,
de aquella valiosa mujer,
que en silencio tomó su lugar,
en el mismo lugar, quedó en silencio.
Violeta; recolectora de historias,
de vidas y amores,
Violeta; la cantante, artesana y pintora,
violeta; la viajera, mujer y madre
tu guitarra es música,
y tu voz inigualable.
cierro mis ojos para volar unos minutos y
al son de los acordes de una guitarra;
aparece la imagen de aquella mujer:
con poca gracia, de pelo largo y negro
como la misma noche sin luna,
de ojos medios saltones y de manos grandes,
y en una de esas manos, una simple y compleja:
guitarra que acompaña a esta gran mujer.
Se impregna esta imagen en mi mente,
y mi oído, que va quedando sordo,
escucha los acordes que ya son únicos,
mezclando las letras campestres, de historias
rurales, de amores y llantos,
me dejo envolver en la melodía clásica
de la gran Violeta.
las letras aparecen de mi voz,
como si yo misma hubiera tenido participación,
su música resuena en mi cabeza;
y yo, simplemente: canto.
Solo Violeta;
aquella dulce uva nacída de la Parra,
al sur de donde he nacido yo,
escucho su canto; el canto de la vida,
de aquella valiosa mujer,
que en silencio tomó su lugar,
en el mismo lugar, quedó en silencio.
Violeta; recolectora de historias,
de vidas y amores,
Violeta; la cantante, artesana y pintora,
violeta; la viajera, mujer y madre
tu guitarra es música,
y tu voz inigualable.
lunes, 27 de abril de 2009
SUELO
Suelo decir; que me gusta el llanto fortuito
de un cielo triste y melancólico,
gritar a veces palabras decidoras
que llevan a sumergirme en ese sollozo,
observar los restos de lagrimas caídas
en el camino empedrado
y repetir los errores cometidos
en el silencio abrumador de la soledad.
Suelo caminar lentamente por lugares libres de amor,
intentando que entre los rostros envejecidos
por la rutina, encuentre uno feliz.
camino contando los pasos que doy
entre la gente perdida y cansada
y volviendo la mirada a las risas,
que de alguna manera
media extraña: disfruto.
Suelo pensar que en lo más profundo de mí,
medio dormido perdura mi amor,
ilusiones y pasiones escondidas
por personas que jamás serán parte de mi vida,
las siento sonreír y disfrutar
de las cosas sencillas de la costumbre social.
y añoro por momentos conocer
lo que me he perdido por soñar utopías.
Suelo creerme los discursos que tantos años divulgue,
y por decisiones apresuradas no he logrado concretar.
Suelo soñar en aquellos cambios,
Que quizás jamás logre a ver.
de un cielo triste y melancólico,
gritar a veces palabras decidoras
que llevan a sumergirme en ese sollozo,
observar los restos de lagrimas caídas
en el camino empedrado
y repetir los errores cometidos
en el silencio abrumador de la soledad.
Suelo caminar lentamente por lugares libres de amor,
intentando que entre los rostros envejecidos
por la rutina, encuentre uno feliz.
camino contando los pasos que doy
entre la gente perdida y cansada
y volviendo la mirada a las risas,
que de alguna manera
media extraña: disfruto.
Suelo pensar que en lo más profundo de mí,
medio dormido perdura mi amor,
ilusiones y pasiones escondidas
por personas que jamás serán parte de mi vida,
las siento sonreír y disfrutar
de las cosas sencillas de la costumbre social.
y añoro por momentos conocer
lo que me he perdido por soñar utopías.
Suelo creerme los discursos que tantos años divulgue,
y por decisiones apresuradas no he logrado concretar.
Suelo soñar en aquellos cambios,
Que quizás jamás logre a ver.
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